viernes, 6 de mayo de 2011

Llega un campesino al bar del pueblo y deja amarrada su perra a un árbol.
Al instante una jauría de perros se arremolina a su alrededor tratando de
conquistarla. En medio de un concierto de ladridos, gruñidos, mordiscos y aullidos, un policía entra al bar y pregunta por el dueño de la perra.
El paisano, que se estaba tomando un vaso grande de ginebra, levanta la
mano y dice :
- Yo.
- Su perra está alborotada, le dice el policía.
- No puede ser, yo la dejé tranquila durmiendo en el suelo, responde el
paisano.
- Quiero decir que está en celo, insiste el policía.
- No puede ser, yo jamás le di motivos, ni siquiera miro a otras perras,
contesta el campesino sediento.
- Digo que está caliente, ¿me entiende?
- No, no lo entiendo, me cercioré de dejarla a la sombra.
Exasperado, el policía exclama :
- Óigame, su perra quiere tener relaciones sexuales.
El paisano le responde : "
- Hágale nomás. Siempre quise tener un perro policía.

Moraleja:
"HABLAR NO ES LO MISMO QUE COMUNICARSE"

No hay comentarios:

Publicar un comentario