domingo, 26 de junio de 2011
sábado, 25 de junio de 2011
EL BILLETE ARRUGADO
Pablo, con el rostro abatido de pesar, se reúne con su amiga Laura en un bar a tomar un café. Deprimido, descargó en ella sus angustias. ¡Que el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja, que su vocación! Todo parecía estar mal en su vida. Laura introdujo la mano en su bolso, sacó un billete de 50 pesos y le dijo: -“¿Quieres este billete?” Pablo, un poco confundido al principio, le contestó: -“Claro, Laura, son 50 pesos. ¿Quién no los querría?” Entonces Laura tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo una pequeña bola. Mostrando la estrujada pelotita a Pablo, volvió a preguntarle: -“Y ahora, ¿lo quieres también?” -“Laura, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 50 pesos. Claro que lo tomare si me lo das.” Laura desdobló el arrugado billete, lo tiró al suelo y lo restregó con el pie, levantándolo luego sucio y marcado: -“¿Lo sigues queriendo?”-“Mira, Laura, sigo sin entender a donde vas, pero es un billete de 50 pesos, y mientras no lo rompas, conserva su valor.” -“Pablo, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o pisotee, sigues siendo tan valioso como siempre lo has sido...Lo que debes preguntarte es cuánto vales en realidad y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado.” Pablo se quedó mirando a Laura sin atinar con palabra alguna, mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro. Laura puso el arrugado billete a su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice agregó: -“Toma, guárdalo, para que te acuerdes de esto cuando te sientas mal. Pero me debes un billete nuevo de 50 pesos para poderlo usar con el próximo amigo que lo necesite.” Le dio un beso en la mejilla y se alejó hacia la puerta. Pablo volvió a mirar el billete, sonrió, lo guardó y con una renovada energía llamó al camarero para pagar la cuenta.
Pablo, con el rostro abatido de pesar, se reúne con su amiga Laura en un bar a tomar un café. Deprimido, descargó en ella sus angustias. ¡Que el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja, que su vocación! Todo parecía estar mal en su vida. Laura introdujo la mano en su bolso, sacó un billete de 50 pesos y le dijo: -“¿Quieres este billete?” Pablo, un poco confundido al principio, le contestó: -“Claro, Laura, son 50 pesos. ¿Quién no los querría?” Entonces Laura tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacerlo una pequeña bola. Mostrando la estrujada pelotita a Pablo, volvió a preguntarle: -“Y ahora, ¿lo quieres también?” -“Laura, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 50 pesos. Claro que lo tomare si me lo das.” Laura desdobló el arrugado billete, lo tiró al suelo y lo restregó con el pie, levantándolo luego sucio y marcado: -“¿Lo sigues queriendo?”-“Mira, Laura, sigo sin entender a donde vas, pero es un billete de 50 pesos, y mientras no lo rompas, conserva su valor.” -“Pablo, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o pisotee, sigues siendo tan valioso como siempre lo has sido...Lo que debes preguntarte es cuánto vales en realidad y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado.” Pablo se quedó mirando a Laura sin atinar con palabra alguna, mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro. Laura puso el arrugado billete a su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice agregó: -“Toma, guárdalo, para que te acuerdes de esto cuando te sientas mal. Pero me debes un billete nuevo de 50 pesos para poderlo usar con el próximo amigo que lo necesite.” Le dio un beso en la mejilla y se alejó hacia la puerta. Pablo volvió a mirar el billete, sonrió, lo guardó y con una renovada energía llamó al camarero para pagar la cuenta.
miércoles, 22 de junio de 2011
El filósofo griego Sócrates, que vivió cinco siglos antes de Cristo, es una figura fascinante y casi mítica. Existen diversas interpretaciones de su persona y de su doctrina. De sus discípulos nos han llegado diversas anécdotas; he aquí tres de ellas:
l Cuando estaba en la cárcel, ya condenado a muerte, su mujer Xantipa fue a visitarle. Y a pesar de la forma poco afectuosa en que le había tratado siempre se echó a llorar. Y Sócrates le dijo: "No llores, todos estamos condenados a muerte por la naturaleza". -"Pero a ti te han condenado injustamente". -"¿Es que te parece menos lamentable que me hubiesen condenado justamente?".
l Se sabe que Xantipa, su mujer, tenía mal carácter y era insoportable. Le preguntaban a Sócrates si se había dado cuenta de del mal carácter de Xantipa antes de casarse con ella. -"Sí, si me casé con ella fue por su mal carácter". -"¿Te gusta vivir con una mujer así?". -"Lo que que me gustaba era aprender todos los días de una persona con un carácter tan malo. No hay escuela mejor que el trato con los demás".
l Un día. un rico ateniense encargó a Sócrates la educación de su hijo. Éste le pidió por aquel trabajo quinientos dracmas. Al rico le pareció mucho dinero.
-"Por ese dinero puedo comprarme un asno".
- "Tienes razón. Te aconsejo que lo compres, y tendrás dos".
l Cuando estaba en la cárcel, ya condenado a muerte, su mujer Xantipa fue a visitarle. Y a pesar de la forma poco afectuosa en que le había tratado siempre se echó a llorar. Y Sócrates le dijo: "No llores, todos estamos condenados a muerte por la naturaleza". -"Pero a ti te han condenado injustamente". -"¿Es que te parece menos lamentable que me hubiesen condenado justamente?".
l Se sabe que Xantipa, su mujer, tenía mal carácter y era insoportable. Le preguntaban a Sócrates si se había dado cuenta de del mal carácter de Xantipa antes de casarse con ella. -"Sí, si me casé con ella fue por su mal carácter". -"¿Te gusta vivir con una mujer así?". -"Lo que que me gustaba era aprender todos los días de una persona con un carácter tan malo. No hay escuela mejor que el trato con los demás".
l Un día. un rico ateniense encargó a Sócrates la educación de su hijo. Éste le pidió por aquel trabajo quinientos dracmas. Al rico le pareció mucho dinero.
-"Por ese dinero puedo comprarme un asno".
- "Tienes razón. Te aconsejo que lo compres, y tendrás dos".
Una respuesta inapelable
A Diógenes el Cínico, cuyo desprecio por las convenciones sociales le llevó a vivir metido en un tonel, le preguntaron: “Maestro dinos, ¿a qué hora debe uno de ponerse a comer?”. El filósofo, rápido en la respuesta, dijo: “Depende, si eres rico puedes comer cuando quieras y si eres pobre, siempre que puedas.”
A Diógenes el Cínico, cuyo desprecio por las convenciones sociales le llevó a vivir metido en un tonel, le preguntaron: “Maestro dinos, ¿a qué hora debe uno de ponerse a comer?”. El filósofo, rápido en la respuesta, dijo: “Depende, si eres rico puedes comer cuando quieras y si eres pobre, siempre que puedas.”
El poder de las mujeres
El general y político ateniense del siglo V antes de Cristo, Temístocles, dijo en cierta ocasión a su hijo: “Alégrate, porque eres el hombre más influyente de Grecia”. El muchacho se quedó sorprendido y preguntó por qué le decía aquello. El gran vencedor de los persas en Salamina le aclaró así las cosas: “Hijo, Atenas domina Grecia; yo domino a Atenas; tu madre me domina a mí y tú haces lo que quieres de ella, que sólo tiene ojos para ti, por eso, tú dominas el mundo”.
El general y político ateniense del siglo V antes de Cristo, Temístocles, dijo en cierta ocasión a su hijo: “Alégrate, porque eres el hombre más influyente de Grecia”. El muchacho se quedó sorprendido y preguntó por qué le decía aquello. El gran vencedor de los persas en Salamina le aclaró así las cosas: “Hijo, Atenas domina Grecia; yo domino a Atenas; tu madre me domina a mí y tú haces lo que quieres de ella, que sólo tiene ojos para ti, por eso, tú dominas el mundo”.
Las siguientes anécdotas reflejan bien el temperamento de Sócrates y su arte
de vivir:
Es sabido que el filósofo griego se casó con una mujer irascible llamada Xantipa,
y él evitaba discutir con ella. En cierta ocasión, la esposa estaba tan descontrolada, que se desbordó en
improperios y luego le arrojó una palangana llena de agua.
Él tomó las cosas con calma y dijo a los que allíestaban: "No os sorprenda que tras los truenos venga la lluvia
de vivir:
Es sabido que el filósofo griego se casó con una mujer irascible llamada Xantipa,
y él evitaba discutir con ella. En cierta ocasión, la esposa estaba tan descontrolada, que se desbordó en
improperios y luego le arrojó una palangana llena de agua.
Él tomó las cosas con calma y dijo a los que allíestaban: "No os sorprenda que tras los truenos venga la lluvia
Querían saber cuál era el hombre más virtuoso de los Estados Unidos. Y un día, los encargados del concurso recibieron esta carta: “Soy un hombre que hace quince años no entro en una cantina. Desde hace quince años no voy a un baile (aunque me dan muchas ganas), no he pisado un teatro en este largo tiempo, por más que deseo mucho ir al cine. Y en estos tres lustros nunca me he emborrachado”.
Los jueces del concurso iban a colocar el nombre de este señor entre los ganadores del premio “Mejor hombre de la nación”, pero tropezaron luego con una nota de la carta, que decía: “Dentro de cinco años saldré de la cárcel”.
Los jueces del concurso iban a colocar el nombre de este señor entre los ganadores del premio “Mejor hombre de la nación”, pero tropezaron luego con una nota de la carta, que decía: “Dentro de cinco años saldré de la cárcel”.
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