viernes, 6 de mayo de 2011

EL HADA
Había una vez una pareja que cumplía 25 años de casados y también 60 años de edad.
Aparece un hada y les dice:
- Ya que fueron 25 años de respetarse tanto, les voy a conceder 1 deseo a cada uno. Ud. señora que desea?
La señora responde:
- Viajar por el mundo.
El hada mueve su varita y de pronto aparecen un montón de billetes en las manos de la mujer.
Le pregunta al marido:
- Ud. señor que desea.
A lo que el marido contesta:
-Deseo una mujer 30 años más joven que yo a mi lado.
El hada mueve su varita y convierte al hombre en un anciano de 90 años.

Moraleja...

No confíes en las hadas, al fin y al cabo son mujeres.
EL JEFE DEL CUERPO HUMANO
Cierto dia los órganos del cuerpo humano luchaban por ser jefes. Entonces el cerebro dijo:
- Como yo pienso y ordeno, debería ser el jefe.
Pero el corazón dijo:
- Mi función es la más importante, el jefe debería ser yo.
Los pies, a su vez dijeron:
- Como nosotros sostenemos el cuerpo, deberíamos ser jefes.
...y así los pulmones, el higado, los riñones, todos querían ser jefe. Hasta que habló el CULO y sugirió ser jefe, y entonces los demás órganos comenzaron a reirse del culo y sus ocurrencias. Como pretendía ser jefe!!!
El culo ofendido decidió no funcionar más. Pasaron los días y todos los órganos comenzaron a sentirse mal, cada día peor. Hasta llegaron a implorarle al culo que sea jefe. Entonces el culo empezó a cagar... no le importaba otra cosa que cagar.

Moraleja...

Para ser jefe no se precisa tener cerebro ni corazón ni nada, sino tener CULO y saber CAGAR.
En la facultad de Medicina, el profesor se dirige a un alumno y le pregunta:

“¿Cuántos riñones tenemos?”

“¡Cuatro!”, responde el alumno. “¿Cuatro?”, replica el profesor, un arrogante de esos que sienten placer en pisotear los errores de los alumnos. “Traiga un fardo de pasto, pues tenemos un asno en la sala”,

le ordena el profesor a su auxiliar. “¡Y para mí un cafecito!”, contestó el alumno al auxiliar del maestro.

El profesor se enojó y expulsó al alumno de la sala. El alumno era el humorista Aparício Torelly, conocido como el Barón de Itararé (1895-1971)

Al salir de la sala, todavía el alumno tuvo la audacia de corregir al furioso maestro:

“Usted me preguntó cuántos riñones ‘tenemos’.

‘Tenemos’ cuatro: dos míos y dos suyos. Porque ‘tenemos’ es una expresión usada para el plural. Que tenga un buen provecho y disfrute del pasto”.



La vida exige mucho más comprensión que conocimiento. A veces, las personas, por tener un poco más de conocimiento o ‘creer’ que lo tienen, se sienten con derecho de subestimar a los demás...


"No lo olvides: no seas nunca arrogante con los humildes, ni humilde con los arrogantes.”

martes, 3 de mayo de 2011

después que ella descubriera que se estaba muriendo de cáncer).  

Me habría ido a la cama cuando estaba enferma en vez de creer que la tierra se detendría si yo no estaba  en ella al día siguiente
Hubiera encendido la vela rosada en forma de rosa antes de que se derritiera guardada en el armario. 



                    

Habría invitado a mis amigos a cenar sin importarme la suciedad de la alfombra y el sofá desordenado.  



Habría comido las palomitas de maíz en el "salón de las visitas" y me habría preocupado menos del engorro que suponía cuando alguien quería encender el fuego en la chimenea.
 
Habría dado mi  tiempo para escuchar a mi abuelo divagando sobre su juventud.
 
Habría compartido más el día a día con mi marido que con la oficina.
 
Me habría sentado en el prado sin importar las manchas de la hierba.  

Habría llorado y reído menos viendo televisión y más mientras vivía la vida.
 
En lugar de evitar los malestares de los nueve meses de embarazo, habría atesorado cada momento y comprendido que la maravilla que crecía dentro de mi, era mi única oportunidad en la vida de asistir a Dios en un milagro.

Cuando mis hijos me besasen impetuosamente, nunca habría dicho "cuidado, estoy ocupada, ahora ve y lávate para la cena", Habría habido mas "te quiero" y más "lo siento"  

Pero sobre todo, quiero darle otra oportunidad a la vida, quiero aprovechar cada minuto. Mirar las cosas y realmente verlas... vivirlas y nunca volver atrás. ¡DEJAR DE PREOCUPARME POR LAS COSAS PEQUEÑAS Y COMENZAR A PREOCUPARME POR LAS COSAS BELLAS QUE SI IMPORTAN!!!  

No te preocupes sobre a quién no le agradas, quién tiene más o quien hace qué. En lugar de eso, atesoremos las relaciones que tenemos con aquellos que de verdad nos quieren
Anécdotas de Quevedo

Quevedo es conocido por su ingenio que demostraba tanto en sus obras como en su vida cotidiana. Famosas eran sus disputas con Góngora en la que se insultaban con ingenio e ironía.

Entre sus famosas anécdotas se encuentra la que le sucedió al encontrarse con una mujer en un balcón. La mujer, al ver al escritor, comenzó a insinuarsele hasta que llegó a un punto en el que Quevedo subió al balcón gracias a una polea que había. Lo que ignoraba es que a la mujer le acompañaban unos amigos, que eran quienes tiraban de la polea y que todo era una broma. Cuando recorrió la mitad del tramo que va desde la calle al balcón, dejaron al escritor colgado mientras los amigos de la mujer se reían de él. Esta situación causó gran espectación entre los viandantes, lo que alertó a la guardia nocturna. Cuando llegaron a instaurar el orden preguntaron:
¿Quién vive?
Soy Quevedo, que ni sube, ni baja, ni está quedo
En otra ocasión, le piden que improvisara una cuarteta en la que interviniera la rima lápiz, que es de las pocas palabras en español que carecen de rima consonante. Inmediatamente Quevedo le escribió:
Al escribir con mi lápiz
he cometido un desliz.
Resulta que he escrito tápiz,
en vez de escribir tapiz.
Quizás la anecdota más famosa fue la que involucra a la reina. Los amigos apostaron a que Quevedo no era capaz decirle a la reina Mariana de Austria, segunda esposa de Felipe IV, que sufría una cojera. A esto Quevedo dijo que era capaz de decirselo en la cara sin que se enfadase. Al parecer, la apuesta aumentó de cantidad ya que según dicen "Mil dineros pusieron sobre la mugrienta mesa y si Quevedo ganaba, recibiría otros mil del Marqués de Calatrava".
Allá fue, pues, nuestro ínclito personaje a cumplir su apuesta:
Llegado el día decidido se presentó Quevedo ante la soberana portando en su diestra una rosa y un clavel en la siniestra.
Ahí estaba toda la corte reunida y ante público tan noble, a modo de testigos, mostró ambas flores a la reina para que admirara su textura y gozara de su aroma y entonces haciendo una reverencia le declaró:
"Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja"
Además, el rey también conoció el ingenio de Quevedo, ya que en una ocasión Felipe IV le pidió que improvisara unos versos. Quevedo le dijo que le diese pie, refiriéndose a que le diera un comienzo. Pero el rey no lo entendió y le dio su pie, en ese momento Quevedo dijo:
En esta postura
dais a entender, señor,
que vos sois la cabalgadura
y yo el herrador.
No he de callar (Francisco de Quevedo)

"No he de callar por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?"