Las ironías de la vida
Un mendigo llevaba
muchas horas sin comer
y se encontraba prácticamente al borde de la desesperación
cuando ideó el plan de robarle el pan
que el tendero le había negado.
No necesito más que un descuido
para atrapar la pieza
y correr como el viento
todas las calles posibles, se instaló bajo un puente
Un mendigo llevaba
muchas horas sin comer
y se encontraba prácticamente al borde de la desesperación
cuando ideó el plan de robarle el pan
que el tendero le había negado.
No necesito más que un descuido
para atrapar la pieza
y correr como el viento
todas las calles posibles, se instaló bajo un puente
para por fin saborear
el objeto de su victoria.
¡Manos arriba!, dijo uno de los tantos policías
que salidos de la nada, le rodearon.
¡Yo lo devuelvo!, dijo el mendigo.
Un policía pasó su mirada
sobre el mendigo.
¿Donde están los otros?
¡Yo estoy solo, señor agente!
¿Dónde está el del reloj?
No se, yo solo robe un pan.
¡adentro, al camión!
Y eso fue lo que ocurrió, señor. Repitió el mendigo
tras su salida después
de tres días de cárcel.
Es irónico, sabe, señor inspector. Reflexiona
el mendigo.
Que cosa.
Robo una pieza de pan,
y me encarcelan por tres días,
y, ¡pan al desayuno, al almuerzo y a la comida!
Todos no hicieron más que sonreír de gusto
ante la contundencia de argumentación
de aquel filosofo de la calle,
al cual despidieron con palmaditas al hombro
y un enorme respeto ganado
a pulso de visión objetiva.
el objeto de su victoria.
¡Manos arriba!, dijo uno de los tantos policías
que salidos de la nada, le rodearon.
¡Yo lo devuelvo!, dijo el mendigo.
Un policía pasó su mirada
sobre el mendigo.
¿Donde están los otros?
¡Yo estoy solo, señor agente!
¿Dónde está el del reloj?
No se, yo solo robe un pan.
¡adentro, al camión!
Y eso fue lo que ocurrió, señor. Repitió el mendigo
tras su salida después
de tres días de cárcel.
Es irónico, sabe, señor inspector. Reflexiona
el mendigo.
Que cosa.
Robo una pieza de pan,
y me encarcelan por tres días,
y, ¡pan al desayuno, al almuerzo y a la comida!
Todos no hicieron más que sonreír de gusto
ante la contundencia de argumentación
de aquel filosofo de la calle,
al cual despidieron con palmaditas al hombro
y un enorme respeto ganado
a pulso de visión objetiva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario